APUNTALANDO EL NIDO

Ha sido un encuentro muy inesperado para mi y mucho más inesperada su respuesta después de un sencillo … ¿Que tal estás?

Creí que era el síndrome del “nido vacío” me dijo. Pero ahora al encontrarnos y verte, sé que no es solo eso. 

Cuando se fue … a la universidad, tuve esa emoción de orgullo, de saber que empezaba una nueva etapa en su vida que la hará muy feliz, yo la recuerdo así.

 Aunque sabía que los fines de semana estaría en casa, que solo nos separaban unos kilómetros, echaría de menos muchas de sus cosas. Esas que llenaban los silencios, las risas, el desorden, las discusiones y momentos en los que a veces me reconocía a mi mismo, se parece mucho a mi. Pero no me importaba era su momento.

Después de todos estos meses, de lo que me he dado cuenta y soy más consciente es que, aunque el pequeño sigue aquí, puede que sean ellos la razón de este nido y sé que tendría que haber otras cosas que no soy capaz de encontrar, o peor, puede que no existan.

Cuando vuelvo del trabajo, mientras espero algo o a alguien, cuando las tardes de los domingos estoy solo preparando la semana, imagino mi vida dentro de unos cuantos años, cuando ninguno de los dos estén. Yo ya no tendré horarios que cumplir, ni obligaciones de ir, hacer o decir, de estar donde y con quienes se espera que esté. Y al pensarlo, siento bastante miedo. Esos días temo tener esta misma sensación de vacío. Me angustia vivir solo acompañado, con una vida con las mismas cosas de siempre que nunca me gustaron y en la que he renunciado a lo que jamás debería haberme consentido aceptar. 

Hace cinco años, una primavera a mitad de mayo, como hoy, ese día sentí con claridad los signos que anticipaban algo parecido a esto y aún no sé bien como desperdicie esa oportunidad … ¡como me quejaba entonces de tus sermones!, y ya ves…

Poco después solo me despedí. No me pareció que estuviera triste, sino más bien apesadumbrado, como muy cansado. Quizás estaba yo más afectada que él por su relato. No intenté animarle, ni quitar importancia a su desesperanza, ni siquiera recuerdo darle alguna opinión. No le pregunté por nada ni nadie. Solo recordaba la energía que transmitía no hacía tanto tiempo charlando en la terraza de aquel hotel de boda y banquete, bebiendo dos coca colas y que ahora había desaparecido por completo, casi no le reconocía. ¿Donde la había escondido?, ¿que se había hecho?.

Ese encuentro me hizo pensar en como construimos nuestra vida a lo largo de los años y cuando llegan algunos momentos claves, por los que todos tarde o temprano pasamos, comprobamos la fortaleza de los pilares que la mantienen.

Se van los hijos de casa, llega la jubilación, o la muerte de alguien de nuestra edad y allí mismo …  echamos la vista atrás para revisar qué hemos vivido y con quien, cómo hemos actuado, e inevitablemente anticipamos lo que vendrá. Sin duda ahí comprobamos la calidad de los materiales de construcción de lo que somos.

Si tuviera que seleccionar lo que permite cimentar una vida elegiría…

FOMENTAR LA PROPIA FELICIDAD

Ser capaces de asumir la responsabilidad de darnos lo que necesitamos para sentirnos bien y estar preparados para afrontar lo adverso, la incertidumbre, y aceptar los cambios que sean necesarios.

ORDENAR LAS PRIORIDADES

Ninguna lista de prioridades estará bien confeccionada si en la primera línea no está el dueño de ella.

SER CONSCIENTE DEL AHORA

Cada día al levantarnos se nos ofrecen dos posibilidades: prestar atención a lo que nos ocurre y sucede alrededor, o estar solo físicamente ahí y dejar pasar los minutos. Los buenos resultados dependen siempre de la primera opción.

ELEGIR A QUIENES ACOMPAÑAN EN LA CONSTRUCCIÓN.

Siempre podemos decidir con quien disfrutar y a quien dejar en el camino. Solo se necesita parar y comprobar lo que siento en su compañía.

SER ACTIVO EN LA TOMA DE DECISIONES

A lo largo de nuestra vida nos acechará la tentación de dejar en manos de terceros, ignorar o abdicar de las posibilidades que se nos presentan, de evitar involucrarnos en los cómo y para qués. La pregunta más eficaz diaria que nos podemos hacer es ¿qué puedo hacer yo?. Cuando reconocemos ser protagonista de nuestras acciones y decisiones no aparecen sentimientos de arrepentimiento, sino de haber vivido lo que nos correspondía en ese momento. Nadie vendrá a rescatarnos al final.

GESTIONAR LAS EMOCIONES

Reconocer los sentimientos, aceptar tanto los positivos como los negativos sin reprimirlos. Modularlos y expresarlos para buscar la calma, la tranquilidad que nos merecemos.

Dejo encima de la mesa lo que otras veces le oí decir cuando terminábamos alguna conversación y que me gustaría leyera…  “Cierto, nunca es tarde.” 

 

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BUENAS COSTUMBRES: BESOS Y ABRAZOS

Escribía otro artículo sobre cómo actuar con amigos y compañeros en el colegio cuando ocurren cosas que sabemos no están muy bien. Describía cómo se cuestionaban niños bastante pequeños de una escuela pública, si en realidad Robin Hood era tan bueno como parecía o en verdad no lo era tanto. Pero recordando ese día y a esos críos he decidido reservar esas originales explicaciones para otra semana porque lo importante realmente fue otra cosa.

Ese día creo que besé a todos y cada uno de los chiquillos, di abrazos y acaricie varias caritas. Aplaudía y gritaba ¡excelente! abrazando a quien opinaba, fuera desafortunada o muy ingeniosa su aportación. Su tutor un muy joven maestro, muy observador me dijo:

-No están acostumbrados a tanto cariño ni a que les digan tantas cosas positivas, ni sobre todo a que les den tantos besos y abrazos, ¡están muy sorprendidos!, se les ve contentos.

Recordé en ese momento que hace tiempo despidiéndome de un conocido tras una cena bastante peculiar, principalmente por uno de los personajes que participaba, poco antes de despedirnos le di un abrazo como muestra de cariño y agradecimiento por el día que habíamos compartido juntos. Semanas después me enteré que se había criticado y mal interpretado aquel gesto y tuvo que justificarlo y justificarme ampliamente. No lo entendí entonces y aún sigo sin entenderlo.

Por qué las muestras de afectos, a excepción de las que se consideran de pura educación,  deben estar reducidas exclusivamente a las parejas, o las relaciones familiares. Por qué solo deben estar permitidas cuando existe una intimidad extrema. Por qué casi siempre se asocian a la sexualidad o las relaciones amorosas.

No es extraño ver a un adulto abrazar a un pequeño, aunque no sea su padre o madre, cuando llora tras una caída, cuando pierde algo o le dejan llorando en la escuela su primer día. Cuando tiene miedo y también cuando baja valiente del tobogán o hace una payasada divertida.

¿Cuando y cuantas muestras de afecto nos demostramos entre adultos?.

Las muestras de afecto explícitas, tanto verbales como no verbales son medicinas tremendamente beneficiosas para la salud mental y física.

Coger de la mano a alguien en mitad de una conversación, un gesto bastante simple, puede reducir la tensión emocional del momento y diluirla hasta hacerla desaparecer.

Dar un beso o un abrazo, además de ser una muestra de cariño y aprecio, disminuye el estrés de quien lo recibe, la ansiedad que pueda sufrir y tiene un efecto inmediato en hacerte sentir mejor.

Los besos en concreto son un buen entrenamiento para los músculos faciales, nos previenen de tener algunas arrugas.

Con los abrazos, activamos nuestro sistema nervioso, liberamos oxitocina y activamos los corpúsculos de pacini, unos mecanorreceptores de la piel encargados de activar la parte del cerebro que reduce nuestra presión arterial. Y todo con un simple abrazo.

Mediante una caricia, una persona se siente valorada y reconocida. Le aporta una sensación de compañía y es un antídoto frente a la soledad. Las caricias reducen el dolor emocional o cualquier sensación de tristeza. Transmiten apoyo, un sentimiento de estar ahí en ese momento acompañando.

Los tenistas cuando terminan los partidos se dan un abrazo de reconocimiento y también de apoyo, y lo hacen delante de miles de personas. 

Físicamente los abrazos, las caricias o los besos mejoran el sistema inmunológico. Existen programas específicos para que quienes cuidan a bebés prematuros, les acaricien con frecuencia como tratamiento dirigido a fortalecerlos y aumentar sus posibilidades de sobrevivir. 

En el reino animal se usan los abrazos para incrementar la temperatura corporal como fórmula de protección y supervivencia en entornos muy fríos.

La chimpancé Wounda se despidió con un largo abrazo de la primatóloga Jane Goodall, fundadora del instituto que lleva su nombre, antes de volver a la selva de donde fue rescatada en paupérrimas condiciones. ¿Por qué no lo iba a hacer yo al liberarme de aquella curiosa cena?

Escuchar a alguien es importante, pero también lo es sentir a través del tacto, que escuchamos más allá de sus palabras.

Muchas veces cuando algún cliente llora, se encuentra angustiado o me relata victorioso haber conseguido una meta, suelo cogerles la mano y apretársela como fórmula de conectar en lo más íntimo de su sufrimiento o de su alegría. Ninguno la rechaza, veo dibujada en sus caras una sonrisa, muchas veces me devuelven el apretón y siempre lo interpreto como agradecimiento.

Así que allí en un aula poco iluminada, de un barrio nada  céntrico, con muchachillos y muchachillas de ocho y nueve años, sentada en una silla baja verde cuyo respaldo había perdido un tornillo, cuestionando al mismísimo Robin Hood, nos regalamos muchas caricias, besos y abrazos, palabras positivas para enfrentarnos al día que nos quedaba por delante.

Hoy dejo encima de la mesa … besos y abrazos para quienes leen mi blog, sea cual sea su motivo.

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BATALLAS DE LA MENTE: ¿QUIEN ESTA AL MANDO?

¿Cuantas veces hemos tenido pensamientos o sentimientos que no deseamos?, ¿cuantas hemos llegado a hacer cosas que en ese mismo momento sabíamos eran contraproducentes?. ¿Por qué nos permitimos decir frases que según salen de nuestra boca ya lamentamos?.

Así me lo relataba una clienta …

Sabía que tenía que parar mucho antes, estábamos de vacaciones y podía haberlo dejado pasar. Sabía que no tenía que seguir metiendo el palo en el hormiguero. Que seguir sería peor. Pero me dejaba llevar por la chulería, demostrar que no me sentía insegura. Y cada noche a escondidas, buscaba y volvía a dejarme llevar por la furia, esa seguridad de ser quien domina y gana por encima de cualquier lógica.

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En todos nosotros conviven dos cerebros distintos e independientes que dirigen nuestras conductas. Son como dos máquinas internas que piensan y pueden actuar sin ponerse de acuerdo. Una de ellas es más primitiva y emocional y otra más humana y lógica, y ambas van almacenando de forma precisa nuestros pensamientos y sentimientos, las respuestas de las que echamos mano cuando nos enfrentamos a cualquier acontecimiento, simple o complejo.

¿Qué le ocurría a mi clienta en lo que me relataba?, que ambas máquinas estaban batallando a ver cual ganaba y actuaba.

El cerebro emocional es impulsivo, utiliza impresiones, sentimientos defensivos y  pensamientos recelosos, desconfiados . Mientras que el cerebro lógico, trabaja con hechos y datos que organiza y articula para interpretar la realidad. Cuando ambos han finalizado su trabajo diseñan su plan de acción para responder ante una situación.

¿Qué puede ocurrir en ese momento?. Que ambos planes coincidan y por lo tanto no pase nada. Pero puede que estén en desacuerdo y comience LA BATALLA.

Lo hice, y seguí, antes y después de las vacaciones, no me importaba. Si  me paraba a pensar con quietud, sabía que lo mejor era abandonar, podía herir a otras personas. Iba además viendo consecuencias que me dañaban pero no, yo seguía y seguía en mis trece…

En general la maquina emocional es más rápida y fuerte que la lógica, y tiene más posibilidades de imponerse. Solamente si somos capaces de saber como se enciende y la gestionamos con eficacia podemos ganar esa batalla.

Un ejemplo sencillo, voy conduciendo y alguien toca el claxon dos veces y nos adelanta.

La máquina emocional se pone en marcha y piensa, “este es un listillo, se cree que soy tonto y tiene mejor coche, me está provocando, ahora voy a acelerar y adelantarle…”.

La máquina lógica también funciona y piensa: “ quizás tienen prisa y voy lento por este carril, puede que me esté avisando de algo, le dejo pasar”.

Según gane una u otra podemos terminar con una carrera de adelantamientos, ir dejando que lo emocional domine hasta la ira y quizás llegar a un accidente o una multa. O por el contrario podemos terminar viéndole alejarse y poniendo las luces que no llevaba encendidas.

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No es malo tener respuestas emocionales, al contrario es muy sano, a veces nos permiten sobrevivir, lo importante es como gestionar esas respuestas, porque si son irracionales, basadas en suposiciones, impresiones o antiguas respuestas poco efectivas, habrá que cambiarlas por otras mejores.

Recordemos que todas las respuestas se van almacenando y convirtiendo en nuestro repertorio automático y habitual para actuar, y tenemos que ser cuidadoso con lo que almacenamos.

Nada más sentarme lo supe, se creía más lista que yo, cada palabra era como una indirecta, se lo sabía todo. A mi no me van esas pijas que van de flexibles y todo vale. Me parecía como que se hacía la simpática por algo oculto, para algo…”

Le estaba ganando la máquina emocional. ¿Cómo podía saberlo?.

Porque ese tipo de pensamiento saca conclusiones muy rápidamente casi sin piedad. Piensa en blanco y negro sin matices, hace juicios y ve peligros. Y ella cumplía todos los requisitos, es más contra más vulnerable e insegura se sentía y más se enfadaba, más actuaba su máquina emocional.

Si hubiera dejado que sonara la campanilla de la lógica, analizado las cosas con calma, sin enjuiciar, abierta a realmente escuchar, probablemente su máquina humana se hubiera impuesto y actuado de otra manera.

Cuando nuestra mente entra en batalla ¿qué hacer?:.

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  • Pulsar el botón pausa/desactivar: parar y detener reacciones automáticas.

  • Usar el botón control: poner en marcha distracciones (un partido, una película, una canción, pasear) tomarse tiempo y alejarnos lo suficiente para poder analizar.

  • Usar el helicóptero mental: verlo desde otra perspectiva menos rígida y exigente, con otro lenguaje.

  • Valorar las expectativas: ¿son útiles?, ¿utópicas?, ¿necesarias? ¿arriesgadas?.

  • Elegir: Siempre hay otra alternativa más racional, se trata de buscarla. 

 Decía compungida:

“Ya no hay remedio, he destrozado cosas que nunca se podrán reconstruir”.

¡Ehh! vuelve tu máquina emocional. Para, piensa qué puedes hacer.

Dejo encima de la mesa ese final… siempre hay elección y otra posibilidad.

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¡OTELOS!… CELILLOS A LA MAR

Se sentaron uno al lado del otro. Elegí ponerme frente a ellos a posta. Yo captaba toda la atención y de pronto vi que se tapó la boca, se acercó y susurró una confidencia. Escuchaba con toda atención sus palabras asintiendo al unísono con la cabeza. No pude dejar de sospechar.

Parece que sentir celos es normal. De hecho en encuestas los adolescentes tildan los celos como una conducta que “demuestra amor hacia el otro”, “son buenos si son pocos”, suelen afirmar.

Puede ser tentador pensar que en pequeñas dosis son representativos del cariño, una forma de demostrar lo afortunado que se es por lo que te quieren, desean o cuidan, pero ¿seguro que es así?.

Quien es protagonista de las primeras líneas, también lo dice y no es adolescente. Es más, lo tiñe de razonamientos que desde fuera pueden parecer lógicos, negando sus emociones. Pero lo real, lo que sintió en esa escena fue un temor a perder la atención, una forma de envidiar la relación de a quienes veía y no ser capaz de controlarla. Sintió celos.

Los celos no son exclusivos de las parejas, son conductas instaladas y que pueden dirigirse a hermanos, padres, compañeros de trabajo o amigos. No son exclusivos ni de hombres ni de mujeres, ni de culturas o estatus sociales. No todos los celosos lo son por las mismas cosas, ni los expresan de la misma manera pero todos los celos son malos, porque es una emoción asociada a los vínculos afectivos que somete a quien los siente, y oprime a quien es objeto de ellos. Estén presentes constantemente o de forma ocasional, siempre son dañinos.

¿Que pasa por la mente de quien siente celos?.

¿A que venía esa intimidad, esa confianza en gestos y miradas?. Se reían juntos de algo que no me decían. En seguida pensé ¿que tienen entre los dos?, ¿qué han hablado? ¿que secreto se cuentan?. ¿Qué dicen de mi?. Seguro que hablaban de lo que me había puesto, lo elegí porque me lo regaló. ¿ Era eso u otra cosa?. ¿Por que le tocaba con esa normalidad?

No dejé de observarles, cada gesto transpiraba una familiaridad excesiva. Hacían como que me prestaban atención, pero no, disimulaban. No sabía cuanto se veían, ni de qué hablan, ni de que se reían …

Los celos convierten al otro en una propiedad, exigiéndole comportarse de una forma concreta y en exclusiva. Son patrones de comportamiento que provocan un sentimiento de inseguridad bastante parecido al de la envidia, que nace del deseo de tener algo que no se tiene o ser como con quien nos comparamos.

Aunque se justifican de muchas formas, con razonamientos a los que se les da un significado, lo que en el fondo subyace es miedo a perder el control, sentimientos de incertidumbre a no ser lo único que el otro desea y quiere.

Dirigen la conducta de forma más o menos obsesiva, focalizando la atención en la búsqueda de “pruebas” para poder apaciguar la ansiedad, el temor o la angustia que invade sin aparente remedio.

Contra más lo pienso más razones encuentro, he preguntado a sus amigos y me han dicho que era cierto que había demasiada intimidad, y encontré correos y llamadas…. Siempre se refiere de una forma especial a cuando se conocieron en la universidad y pasaba los domingos con su familia o cuando se ven. Lo paso fatal.

Cajones, teléfonos, correos, interrogatorios, claves de redes sociales, antiguas relaciones… un cóctel en el que invertir horas robadas al sueño, tiempo y más tiempo buscando. Los celos nos dirigen con mucha probabilidad a un círculo vicioso en el que nunca encontramos suficientes razones para calmarlos necesitando más.

¿Por donde empezar?

El primer paso es admitir que se sienten. Los temores son fantasmas que nublan la realidad. Aceptar sentir celos y con que intensidad es el primer paso para alejarnos de ellos.

Además…

Valorar lo que se tiene. Los celos están muy cerca de la envidia. No solemos prestar atención ni revisar lo que tenemos. Apreciar nuestra realidad en positivo y cuidarla.

Mejorar la comunicación y la asertividad. Frente a las dudas preguntar y pedir lo que se quiere. Y también aceptar las respuestas que no nos gustan negociando acuerdos.

Revisar los límites de nuestros pensamientos y conductas. Sospechar, vigilar e inspeccionar está íntimamente relacionado con la falta de respeto. Traspasar esos límites convierte a la conducta en perversa. Siempre es mejor relaciones basadas en la confianza y la claridad.

Dejar de compararse. Fortalecer la autoestima y la seguridad nos aleja de comparaciones innecesarias. Si nos quieren es porque somos así.

Creo que mi abuela tenía razón cuando decía que “En los celos hay más amor propio en juego que amor del otroes lo que hoy dejo encima de la mesa para pensar.

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PERMÍTANME UNA IRONÍA.

Gana el Barsa por goleada y al entrenador del equipo contrario alguien poco acertado le manda a entrenar al Burgos. ¿Y cómo contestan?, con una ironía.

Ayer se mostraba muy enfadada una clienta cuando le invitaba a reflexionar de nuevo sobre esa situación que siempre le provoca responder de una forma tensa y poco hábil, y que al final le genera más frustración y malestar del que debe permitirse sentir.

– ¿Y que quieres que haga?. Me dijo bastante alterada.

– Quitar hierro y evitar enfrentamientos, no enfrascarte en provocaciones, ridiculizar algunas de las cosas que me cuentas. Ironizar. Le contesté.

¿Es la ironía una habilidad social?.

Las habilidades sociales son un repertorio de conductas que quien las practica resuelve cualquier situación, desde la más difícil hasta la más amigable, de una forma impecable.

N. Humphrey psicólogo evolucionista, afirma que fue el lenguaje el que permitió a los homínidos desarrollar las habilidades sociales. Ese conjunto de conductas que permiten sobrevivir con otros, teniendo en cuenta sus pensamientos, sentimientos e intenciones. Y es el lenguaje, como herramienta social, la que nos permite ironizar sobre lo que nos sucede, nos dicen, nos hacen o vivimos.

Y si es cierto que la capacidad de escuchar, la empatía, el respeto y la regulación emocional. La cortesía, la paciencia o la capacidad de negociar son parte de esas habilidades, creo que la ironía también lo es y sin embargo no se suele incluir, muy al contrario, se la descalifica más de lo que se merece.

En su libro A case for irony, el filósofo Jonathan Lear define la ironía como una especie de conciencia de la conciencia que revisa y actualiza nuestros valores. Él mismo explica que una ironía, siempre es lanzada contra uno mismo. Es un espejo aleccionador que nos deja ver con claridad nuestra visión de los sucesos, permitiendo la posibilidad de abrir un debate cargado de humor, de rebatir y buscar otras perspectivas en asuntos que consideramos vitales, justos o injustos.

Como sucede en la comedia Un marido ideal, su autor (O. Wilde) permite a los personajes interpelarse…”La vida jamás es justa”…“Y quizás eso es algo bueno para la mayoría de nosotros”.

¿Cómo es posible salir de una conversación o situación adversa?.

Desde luego a través de un conflicto, una bronca y varios gritos. Pero también a partir de un discurso reflexivo que cuestione nuestras incongruencias, lo ridículo de algo que damos por cierto y obvioDe profundizar en ideas que organizan nuestro pensamiento y lenguaje, ese con el que a veces gritamos a los otros sin a penas control.

En un momento tenso, o de dolor emocional, lo último que cualquiera de nosotros esperamos es una respuesta ácida, por muy ingeniosa que sea. No esperamos respuestas cínicas, una forma bastante deshonesta de agredir. Lo que esperamos probablemente es alguna respuesta cargada de una buena dosis de comicidad combinada con una porción de lucidez.

Mi clienta se ponía la chaqueta con gesto agrio para irse pero seguir diciéndome.

-Pues que conteste por mi el Dr. House.

-No, él no es irónico es sarcástico y a veces cruel, que no es lo mismo.

Y es que las ironías son difíciles de articular y fáciles de convertir en otras cosas como el sarcasmo, burlas crueles y a veces humillantes.

¿Para que puede servirnos la ironía?.

Por una parte para quitar dramatismo a los acontecimientos. Es la mejor receta para hablar de algunos temas muy temidos como la muerte. Escribió en su epitafio el cómico irlandés Spike Milligan: “Les dije que estaba enfermo”.

Realmente las cosas no son ni tan importantes, ni tan ciertas como las calificamos en el momento que las vivimos. Y cuando echamos la vista atrás pasado el tiempo, comprobamos que aquello que nos enervaba, y hacía perder la razón, hasta comportarnos de una forma rallando en lo irracional, no era ni tan importante, ni tan trágico y hasta a veces tuvo su razón de ser. ¿No hubiera sido mejor en ese momento tomárselo con más humor y otra filosofía?.

Y por otra parte la ironía permite profundizar en actitudes, costumbres sociales, opiniones y creencias tozudas muy arraigadas. 

Posibilita examinarnos de ideas ancladas en nuestras neuronas, que creemos dan sentido a nuestra vida a cualquier precio.

Facilita cuestionarnos sistemas políticos, instituciones, consultas populares o programas de televisión despectivos con personajes de la vida social, llenos de prejuicios y esteriotipos etiquetando otras culturas. 

Se levantó con el bolso en el regazo para seguir diciendo.

A lo mejor es que yo tengo toda la razón y tú no.

-A lo mejor, para cuando se tiene razón ya es demasiado tarde.

Aún no ha soltado el bolso.

Dejo encima de la mesa una curiosidad, el signo de puntuación que en el siglo XIX se propuso para identificar en los textos una ironía.

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Las cuatro estaciones del bienestar

El libro que recoge los post más significativos, y algunos inéditos ya están ordenados y publicados en Amazon.es

Ante situaciones que en algún momento de nuestras vidas nos preocupan, nos desajustan, no sabemos cómo resolver o quizás nos hacen perder el rumbo, en este libro podemos encontrar historias muy parecidas a las nuestras de otras personas que se sintieron igual pero que en sus relatos nos ayudan a reflexionar, entender o decidir sobre lo que nos está pasando y alejando de sentirnos bien.
Su estilo sencillo y ameno nos aproxima a estrategias psicológicas fáciles de entender que nos permiten estar mejor preparados para afrontar momentos de tensión, desamor, rupturas, duelos; situaciones más o menos complicadas pero inevitables.

El precio en papel solo cubre los gastos de impresión.

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PENSAR EN NO PENSAR

Habíamos terminado de hablar de su nuevo proyecto cuando lo enlazó con otro tema algo más escabroso que le preocupaba. Después de un buen rato de comentar y contrastar opiniones, mirándome por encima de las gafas me lanzó una palabra que me gustó mucho: Abdico.

No pude dejar de sorprenderme con el abandono que lo expresó.

Creo que voy a dejar en el congelador todo esto un buen tiempo para poderme cuidar mejor. ¿Seguir en un torbellino de datos, revisiones diarias, justificaciones para que me den la razón?. Empiezo a sospechar que al final va a dar igual. Prefiero sentirme bien a tener razón.

Se levantó se quitó las gafas y tropezándose con su bolso dijo: ¿Nos hacemos un café?.

Recordé mientras lo preparaba y metía la cápsula de café para hacernos un volutto, osea el café de siempre pero en la máquina de George Clooney, del título de un libro de otro Jorge, Giorgio Nardone:“Pienso, luego sufro”.

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La excesiva racionalidad, el “piensocentrismo” nos hace estar inmersos en una nube de preocupación, de duda y análisis permanente que a veces, o peor, muchas veces, nos dirigen a un bucle de sufrimiento innecesario. Hay acontecimientos o situaciones que interpretarlas, analizarlas y reanalizarlas, buscar los por qué y lo que puede pasar, nos llevan a estados de mayor confusión, en vez de lucidez.

Los monólogos internos que tenemos y que no siempre somos capaces de reconocer, nos pueden orientar hacia el sufrimiento más tremendo o a un estado de preocupación que nos inhabilita para disfrutar de lo que cada día nos pasa, dando importancia, tiempo, espacio y emoción, a lo que realmente no lo tiene.

¿De qué se trata entonces, de no pensar?.

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Los pensamientos no son sucesos reales, son hipótesis internas creadas por nosotros mismos que no reflejan una realidad objetiva. Las preocupaciones surgen cuando algunos de esos pensamientos los transformamos en realidades.

Quizás se trata de incorporar a nuestra mente fórmulas más sanas, de potenciar el contacto con el momento presente y alejarnos de pensamientos recurrentes muy evaluativos y al final bastante nocivos sobre lo que pasará o ha pasado. Esos que por las noches además de no dejarnos dormir, nos provocan más nerviosismo o tristeza de la necesaria.

Pensemos en un vaso con agua y arena, si lo removemos con una cucharilla de forma incansable, el contenido se hace tremendamente turbio. Si lo dejamos y nos alejamos, sin ni siquiera mirarlo, pasado un tiempo observaremos con claridad que el agua es transparente, la arena opaca y que además de estar muy en el fondo del vaso ocupa solo el espacio que debe ocupar y no todo el volumen.

Así ocurre con lo que nos preocupa, que nos inunda y enturbia la vida sin dejarnos ver con transparencia que aquello que pensamos, no es otra cosa que cadenas de posibilidades no reales. Puede que alguna se convierta en realidad, entonces !ya veremos!.

Las nuevas tendencias psicológicas, algunas llamadas terapias de tercera generación, focalizan la atención en difuminar o distanciar a la persona con maniobras sencillas de todos esos procesos mentales que le generan algún trastorno o malestar de vida.

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¿Y cómo lo hacen?

Una de las técnica es la de vivenciar el absurdo de nuestros pensamientos más negativos. Nadie puede sentirse mal cantando con la música de “dale a tu cuerpo alegría macarena” la letra de “voy a ser desastre, no voy a dar una en la entrevista, no me van a contratar, todas me salen mal”. Si no te lo puedes imaginar prueba a hacerlo poniendo música al más negativo de tus pensamientos. Queda ridículo, ridículo.

Otra muy útil, es la de darnos cuenta del aquí y el ahora. De dominar qué quiero ver, qué quiero oír, hacia donde miro y concentrarnos en eso y no en otra cosa. Un ejemplo bastante sencillo cuando me invade un pensamiento turbio es mirar los zapatos de alguien cercano, y focalizar la atención solo en eso, en nada más, no permito que nada se inmiscuya. Ni siquiera si son bonitos, feos, limpios, sucios, nuevos o viejos; solo miro. Sanear la mente y obligarla a abandonar lo que no es beneficioso. 

En definitiva se pretende que veamos la inutilidad de preocuparnos, reencuadrar la realidad y tener más experiencias del ahora que del qué pasará.

Con las tazas de café en la mano y apoyadas en la encimera de la cocina , le pregunté con cierta curiosidad.

– Cuando has decidido abdicar ¿significa que te rindes?

– No lo sé, lo que sé es que si todo esto me cuesta mi tranquilidad es demasiado caro y no lo compro. Prefiero dedicar mi tiempo al volutto y si tienes una galleta mejor aún.

Coffee Nespresso Cups Coffee Bowls

Dejo encima de la mesa muchos sabores, volutto, magma, sontuoso, onyx… muchos antes de volver a preocuparnos.

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