¿POR QUÉ NOS OFENDEMOS?

Un día a la semana voy a clase para mejorar los golpes con la raqueta. No estoy segura de mis avances porque según el monitor sigo intentando golpes ganadores en los que debería tener paciencia y esperar, pero sin embargo me quedo muy atrás cuando debería atacar.

Pero lo mejor de esa clase es con quienes la comparto, en especial la compañera con quien siempre me alío los últimos diez minutos en los que jugamos un partido y nunca ganamos.

Esta mujer tremendamente inteligente que por su profesión debería calibrar milimétricamente los ángulos de las trayectorias y no lo hace. Computar matemáticamente la fuerza del golpe y estructurar las distancias de pista, y que tampoco hace. Que está aprendiendo a tocar el chelo y últimamente va a clases de chino, tiene una frase que repite con frecuencia cuando nos critican el juego y que me parece muy aleccionadora. “Nunca me tomo las cosas como ofensas personales”.

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Así que he tomado algunos ejemplos suyos para abordar lo que le preocupaba y me comentaba en el despacho…

-“Siempre me dice las cosas con doble sentido, no directamente pero si para fastidiarme, compararme o desprestigiarme, y además delante de quien sea.”

Si se me olvida algo, me critica y le sale un comentario sobre la educación y la responsabilidad.”

Ayer mismo mientras comprábamos, va y me dice que por la noche, osea en cuatro horas, ha quedado, que si quiero que puedo ir, sabiendo que tenía que levantarme temprano. ¿Para qué me lo dice en ese momento?, pues para no darme tiempo a reaccionar porque no quiere que vaya. Eso si, luego cuenta lo estupendo que fue todo, lo rico que estaba el jamón y lo bien que se lo pasó”.

Si le digo que ha llegado tarde, que había quedado en volver y dejarme el coche a tiempo, va y me responde que llegó no se quien y que se le ha pasado la hora. Siempre otros antes que yo, no me tiene en cuenta, le da igual, va a la suyo. Habla de mi y mis gustos con desdén como sacando los defectos”

Tiene esa capacidad de decir cosas que me hacen sentir impotente, con desprecio, en momentos me avergüenzo de lo que dice, y me da un coraje…”.

Escuchando atenta sus quejas comenté:

 – “Una amiga mía que toca el chelo, el otro día al oírla tocar su luthier le dijo que sonaba como un gato moribundo. Según nos lo contaba al sorprendernos de como la calificaba nos dijo:”quizás no ha estado muy acertado, tampoco era moribundo pero desafinado sí que estaba.”.

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“Verás las ofensas que vivimos como tales, lo que golpean realmente es nuestro punto más vulnerable.”

“Cuando nos hacen una crítica sentimos que atentan contra nuestra autoestima, pero si esta es estable, no tiene por que dañarnos, solo la tendremos en cuenta como algo más, y quizás lo consideremos como una posibilidad de mejora de algo que no se ha hecho bien.”

“Muchas de las cosas que vivimos como ofensas, son temores o miedos enquistados de viejas historias a ser excluidos o no reconocidos como suficientemente buenos para algo o alguien.

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Imagínate a una persona que en su juventud fue rechazada por amigos de su pareja porque la consideraban poco cultivada, se comportaba de forma ordinaria o decía cosas inoportunas. Esa sensación de haber sido rechazada, de no ser aceptada ni tenida en cuenta en el grupo permanece, y cuando ahora ocurre un hecho o le dicen algo y lo vincula con ese pasaje, con la posibilidad de volver a ser etiquetada de demasiado vulgar o ser excluida, inmediatamente reaparecen sus sentimientos de menosprecio o bochorno como los del pasado, siendo fácil sentirse ofendida.”

“El hecho de sentirse ofendida o humillada no crees que está más vinculado con la forma en que reaccionas, interpretas, das importancia y dejas que te afecten hechos o comentarios.”

“No caigas en la trampa del “tú me ofendes” y cámbialo por el “yo me ofendo”, no establezcas una relación entre el comportamiento del otro y tu propio bienestar. Expresa con claridad aquello que no quieres que diga de ti, sin más. Tú decides que te ofende y qué no. En realidad todo puede ser o vivirse como una ofensa porque cada uno somos susceptibles de ofendernos por una u otra cosa.”

Cuanto más sepamos qué nos ofende, qué heridas antiguas son reabiertas y que posibilidades hay de curarlas, menos sufriremos por sentimientos relacionados por las que consideramos ofensas.

¡Cuantos momentos de tensión podríamos evitar, incluso discusiones acaloradas y hasta rupturas violentas si no nos tomáramos las cosas de forma tan personal!

¡Cuantos momentos de tensión, conflictos y hasta rupturas se podrían evitar por una crítica mal expresada, unas palabras inoportunas, un olvido o un desacierto.

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Dejo encima de la mesa  la famosa frase del Padrino… “no es nada personal, solo son negocios”. Aunque en realidad en la novela el hijo de Don Vito, conversando con el Conseglieri le decía que “todo es personal”.

nota: el cuadro pertenece a Ernest Descals a quien agradezco poder reproducirlo.

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LAS TRES CLAVES DEL ¿MERECE LA PENA?.

Mi hijo ha llegado a casa tremendamente enfadado y sentados en la cocina, me ha contado que uno de sus amigos le ha dicho que le estaban criticando con cierta malevolencia por un trabajo que habían hecho en grupo y  en el que cada uno había sacado una calificación distinta.

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-¿Y que has hecho? Le pregunté.

-Me he agarrado un cabreo que aún me dura porque yo… y yo… y yo… le voy a…

Una retahíla de dimes y diretes se han ido acumulando en la cocina sin filtro alguno, frases y más frases, algunas muy elevadas de tono y otras sin sentido que obedecían más al descontrol que a la reflexión por todas las partes.

Debo confesar que no sabía muy bien que decirle en ese momento, yo misma me estaba contaminando de la escena y tenía que hacer grandes esfuerzos para no opinar y añadir más oxígeno a ese fuego y atizar las brasas.

Un amigo que trabaja como coach para grandes multinacionales y es profesor en la universidad me contó una vez que había escrito en su blog pequeños cuentos y leyendas que servían en muchas ocasiones para resolver situaciones que se vivían como críticas. Me costó encontrarla pero la leímos los dos juntos.

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El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:

– Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…..

– !Espera! – lo interrumpe el filosofo – ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

– ¿Las tres rejas?

– Si. La primera es la verdad. ¿Estas seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente así?

– No. Lo oí comentar a unos vecinos.

– Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?.

– No, en realidad no. Al contrario…

– !Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

– A decir verdad, no.

– Entonces, dijo el sabio sonriendo

– Si no sabemos si es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Mi hijo que aún tiene esos momentos de reacciones en los que le cuesta demorar respuestas, aún me preguntó:

Pero y si lo que ha dicho es verdad y yo tengo razón.

En las relaciones, en la forma que vas a actuar en momentos críticos con tus amigos debes echar mano no solo de esos momentos en que sea quien sea puede haber hecho algo no adecuado, torpe o hasta inapropiado, sino que sería bueno que reflexionaras y buscaras todo lo bueno acumulado, antes de buscar argumentos que aumenten más el enfado y provoquen enrocarte, porque seguramente será, desproporcionado, distorsionado y sobre todo no merecerá la pena. ¿Que te parece si mientras lo piensas sacas el lavavajillas?

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-Tú siempre buscas una excusa para que saque el lavavajillas hasta con las metáforas de ese tal filósofo que no debía tener ni lavavajillas ni pila para fregar.

Dejo encima de la mesa solo un comentario más… sacó el lavavajillas eso si merecía la pena.

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¿QUE DICEN MIS FOTOS DE MI ?

Me gusta mucho ver fotos, fotos de mi familia, mías y de mi hermana cuando eramos pequeñas, con mis padres, de nuestros amigos. Y me gusta mucho que me enseñen fotos mis clientes, porque detrás de cada click, que han hecho, o han pedido que les hagan, detrás de esa selección que me enseñan hay muchas más cosas que la simple imagen.

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Trabajé hace años con un psiquiatra que dirigía un centro de día para trastornos del comportamiento y el primer regalo de navidad que me hizo fue un precioso porta-retratos que aún conservo y en el que he ido cambiando fotos con el paso del tiempo. Un día me contó que utilizaba las fotos de sus pacientes para analizar como eran ellos y sus relaciones familiares. Lo que se escondía tras la imagen y que no eran capaces de decir sentados en su consulta. Me enseñó pequeños detalles que pasan casi inadvertidos, pero que de forma más o menos inconsciente dejamos y son indicios que permiten ver más allá de lo obvio.

Así que hoy que estoy trabajando en un proceso de selección he dedicado más tiempo en fijarme en las fotos de los perfiles de los candidatos con los que la semana que viene me veré.

Las fotos de nuestros personajes favoritos, hijos, parejas, de mascotas, las caricaturas que mostramos de nosotros mismos, esas que subimos a las redes sociales o ponemos de perfil en linkedin, twitter o wassp. Las que guardamos en instagram, o en el móvil, reflejan desde nuestro estado de ánimo, nuestras relaciones familiares, hasta nuestra estima y un largo etc. más.

Nuestras fotos, además de intentar reflejar una visión idealizada de nosotros mismos que es en el fondo la que queremos que vean los demás, muestran de forma muy sutil nuestro propio perfil psicológico, qué deseamos, que ocultamos, que no queremos que se sepa o intentamos fingir y que nos está ocurriendo en ese momento.

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Yo y yo y yo. Cuando se exhiben 877 fotos de uno mismo, cuando en todas me muestro ideal, cuando los primeros planos se repiten una y otra vez casi en la misma postura, cuando enseño selfies de todas mis posturas estupendas, frente al espejo o en la puerta del dormitorio. Esas de mi pelo ideal, de mis transparencias resaltando el look para esa noche y otra más cerrando los labios en una mueca de beso infinito… un poco narcisista si que parece que sea el personaje, como que el centro de atención vital está muy cercano a su ego, o… ¿necesita que se le reconozca la belleza?. Quizás observar lo que raramente aparece nos desvele aquello que tanto le disgusta de si mismo.

 Siempre con otros. Los siempre acompañados, siempre con amigos mostrando lo unidos y divertidos que son, cómo se lo pasan bailando, cenando, en esa fiesta que titulan: todos estábamos totalmente cool en denim. Mostrar la vida social, con quien me relaciono no deja sino huella de nuestro grupo de referencia y sobre todo lo importante que es que se sepa que no estoy ni solo ni aislado. ¿Quien no me va a querer?. ¿No ser aceptado?, ¿Solo o rechazado? Imposible, mira mis fotos.

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Los lovers. Cuando aparecen muchas fotos con un tinte demostrativo de los momentos que pasan juntos, incluso esos más íntimos. Cuando se comparten los instantes de amor reflejando la felicidad que invade esas entrañables escenas, nos deja espacios bastante amplios para preguntarnos ¿son de verdad?. Esos instantes parecen presa fácil para pensar en paréntesis con alguna frustración, autoengaño o del miedo a la pérdida.

Todo lo que hago y tengo . Has visto mi moto, la cara de mi amoroso perrito después del baño, esta merluza con solo un chorrito de aceite para master chef, mi rincón preferido mientras descanso, mis golosinas preferidas para hoy. Este particular show de Truman que viven nos hacen recordar la inestabilidad y escasa madurez del protagonista de aquella película muy focalizado en llamar la atención y en una necesidad de reconocimiento casi permanente.

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También existen…“Los nunca estoy”, “mira mis proezas”, “soy especialista de”…. Como relataba Roland Barthes en su libro La cámara lúcida: “una imagen es capaz de crear un impacto emocional desde el primer vistazo.

¡Qué casualidad!,  me acaban de enviar las fotos de navidad y del verano de unos conocidos que nos invitaron a su casa, me voy a fijar bien en esos detalles que mostramos para algo que queremos que se sepa.

Dejo encima de la mesa que aunque en realidad nadie es tan feo como en su DNI, ni tan guapo como en la foto de su perfil, ¿que queremos que vean en nuestras fotos?.

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REINICIAR : ¿AÑO NUEVO, VIDA NUEVA?

Junio: El día que le conocí en un restaurante de la calle Goya, me pareció muy perdido. Como si se hubiera dado cuenta a los 48 años que se acercaba a la mitad de su vida y no era esa la que le hubiera gustado vivir.

Se ajustaba con cierto nerviosismo unos gemelos y de pronto sonrió al pronunciar un nombre. Como si la ilusión hubiera inundado su ensalada césar, esa que removía en el plato con pocas ganas. Me di cuenta que por más que lo intentara ya no podría parar lo que le hacía ilusionarse, sentirse de otra manera. Allí según hablaba entendí  lo que le había seducido. La seducción es el arte de sentirse bien y hacer sentir bien al otro.

Transpiraba la inquietud de reiniciarse, comenzar una etapa distinta.

Septiembre: Intuía hacía meses, que algo no funcionaba, aisladas del resto de las personas que aquella tarde calurosa merendaban, se atrevió a contármelo.

Está destrozando su vida y me veo incapaz de ayudarla. Llega tardísimo, no duerme lo necesario, tiene todo desordenado, no estudia, a penas habla, es como si se hubiera desconectado de lo de siempre, de nosotros. Se va hundiendo cada vez más profundamente en una vida insulsa y sin futuro.

 Si pudiera reiniciar, limpiar lo que quizás no he sabido hacer para guiarla mejor, para que pueda salir de ahí.

Diciembre: Cuando la puerta de la terminal se abrió la encontré inmediatamente con su amplísima sonrisa agitando la mano y señalando a la pequeña donde estábamos. Detrás sacándole más de dos cabezas también estaban ellos, ya dos hombres que levantaban en volandas a la chiquilla agitándola como a una muñeca de trapo. No pude sino recordar cuando lloraba y perdían brillo sus ojos. Pero reinició su vida.

Siempre decía que reiniciarse era como reiniciar el pc, hay que esperar a completar todos los programas.

¿Qué tienen estas tres historias en común?. El deseo de reiniciar, dirigirse hacia donde no se han permitido estar.

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Limpiar, deshacerse, cerrar y soltar son los cuatro pasos imprescindibles para conseguirlo.

Años con emociones, con personas, con hábitos, con temores, con ideas que nos dirigen siempre al mismo lugar. La inercia que lleva una y otra vez al mismo sitio. No hay posibilidad de reiniciar si no somos capaces de preguntarnos:

¿Es esto lo que me gusta hacer?, ¿es esto lo que quiero sentir cada mañana?, ¿es como me siento bien?.

Propongo un ejercicio: Dibujar varios círculos, cada uno representará las partes importantes de la vida, por ejemplo la salud, el trabajo, la familia, el ocio, economía…

De cada círculo sacaremos flechas hacia círculos más pequeños y dentro pondremos elementos importantes del que parten. Por ejemplo de la familia saldría uno con la pareja, otro con los hijos, padres, cuñados… tantos como sean necesarios.

De nuevo sacamos otra flecha de cada uno de estos, hacia otro círculo más pequeño, por ejemplo en el de hijos saldría uno para cada hijo, o en el de cuñados aquellos con quien tienes relación…

Sacaremos tantos como queramos, no hay límite, cada vez más concretos. Fragmentar permite descubrir tareas concretas hacia donde dirigir nuestra conducta.

Ahora viene lo importante, hay que poner nota a la satisfacción de cada círculo. De o a 10. Con cada diez enhorabuena. Cuidado con los que se encuentren entre cero y siete, implica que algo no nos hace estar a gusto. Unos serán muy evidentes. Una relación con una nota de 2, está claro que hace falta o bien una ruptura o bien un replanteamiento completo de la relación.

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Así se descubre que hay que limpiar. Seguimos.

Si cada día sacas y tiras la basura que se ha generado en tu casa. En nuestras vidas los trastos, lo inútil, lo que no nos hace sentir bien, habrá que deshacerse de ello.

Mira los círculos anteriores y escribe una lista de aquellas cosas que están contaminando los círculos con notas bajas. Sé específico para poderte deshacer de eso y no de otra cosa. ¿Qué lees últimamente?, ¿con quien compartes tus cosas?, ¿cómo te hace sentir?, ¿qué haces en el tiempo libre?, ¿cuánto dedicas a tu cuidado?,¿a qué has renunciado?, ¿qué te prohíbes?….

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Continuamos con lo más difícil y de más impacto. Los cambios significan también cerrar proyectos, relaciones, discusiones, opiniones. Es como ese libro que no has terminado y que  parece que no pasa nada por dejarlo ahí en la mesilla, pero no es cierto, en tu mente ese proyecto, esa relación, ese tema, ese libro permanecen abiertos y pendientes de resolver. Las cosas incompletas no permiten abrir otras con facilidad. Flecos que pasan factura e impiden inicios. Termina los trámites, haz esa llamada, di lo que sientes, abandona ese escenario que te deja vulnerable, si ya no vas a leer ese libro, quita el marcador de la página por donde te quedaste y mételo en la librería.

Piensa en tu vida como una mochila que llevas a la espalda, si metes muchas piedras pesará mucho. Esas piedras son todas esas cosas que llevas arrastrando, que no sirven, que te lastimaron, que no son útiles, que roban energía, proyectos fracasados, personas tóxicas, situaciones lacerantes… Puedes escribir las más pesadas, atar ese papel a un globo y soltarlo. Del pasado solo aprendemos si somos capaces de soltarlo.

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Empieza el año y dejo encima de la mesa… la posibilidad de reiniciarse en lo que más deseamos.

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EN NAVIDAD MEJOR LA COMEDIA A LA TRAGEDIA.

Cuando se acerca la navidad, creo que hay una especie de inercia por repasar lo que ha ocurrido en el año y parece que sale con más facilidad la tragedia que la comedia.

imagesYo me resisto a hacerlo, porque volver a remirar no me permite disfrutar del momento en el que estoy y me invade algún sentimiento de nostalgia, a veces cercano a la tristeza que no me sienta nada bien.

Sé que no sirve de nada sacar esos adornos navideños para colgar en el árbol que representan a los que ya no están o están lejos. Los percances que he sufrido. Lo que hice mal aún con la mejor de las intenciones y también con la peor de ellas. Lo que por pereza dejé de hacer. Aquello que me defraudó y a quien no lo ha hecho nunca. Prefiero hacer caso a Martin Seligman, y practicar con más empeño su receta para cocinar mi bienestar.

Martin Seligman de la Universidad de Pennsylvania, después de años de investigación, desarrolló la Teoría del Bienestar con 5 elementos conocidos como -P.E.R.M.A.- por sus siglas en Inglés (Positive Emotions, Engagement, Relationships, Meaning & Achievement). Emociones positivas, compromiso, relaciones sanas, propósito y logro.

En resumen lo que nos propone es en insistir y cultivar emociones como la alegría, la serenidad, la gratitud, la generosidad o el amor y curiosamente también el asombro. Potenciar y no dejar de desarrollar aquello en lo que somos realmente buenos. Darle un significado a nuestra vida, una utilidad a nuestros proyectos más allá de lo inmediato. Invertir tiempo en relaciones sanas con nuestra pareja, hijos, la familia y los amigos. Conocer a nuevas personas que te hagan sentir bien. No dejar de aprender cosas distintas, viajar, ver otros mundos que abran nuestra mente. Tener nuevas metas y sobre todo esforzarnos por conseguirlas.

Así que especialmente durante estos días me centro más en todo lo que tiene que ver con sentirme contenta y tranquila.

proinca_madridfansblog_luces_navidad_madrid_2Sigue asombrándome cada año como enganchan las luces de lado a lado de las calles de Madrid y cada año son distintas, ¿se tomará la decisión en una sesión discutiendo lo adecuado o no de la forma de las estrellas? y cuando se funde una ¿la reponen? ¿quien se dedicará en el ayuntamiento a contar las fundidas?. Y sobre todo ¿qué dejará de hacer para hacer eso?. La luz de cualquier forma ilumina un precioso Madrid.

Estos días empleo mucho más tiempo para estar con mi familia, mis amigos, llamo a mis antiguos compañeros de trabajo…. Me conecto con más intensidad con aquellas personas que me hacen la vida agradable, que me hacen sentir protegida, querida, y con los que cualquier cosa que hagamos me provoca un efecto inmediato de felicidad. Ha sido un espectáculo cantar en el karaoke con una amiga y mi hermana “La bien pagá”, eso si que no tiene precio. Me gusta cenar con quien juego los martes y los viernes un partido y hablar de todo lo bueno que nos pasa en esos momentos, mezclado con lo que nos pasa en otros. Nos sumergimos en un caldo de risas inmejorable.

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Reservo unos días para hacer un pequeño viaje con mi marido y mis hijos y descubrir juntos una ciudad nueva. Da igual que ya la conozcamos, siempre me parece muy distinta, será porque estamos más tiempo juntos disfrutando de las cosas que hacemos.

Aunque nunca dejo de lado hacer algo por otras personas, en Navidad participo de forma más visible y activa. Disfruté mucho hace unos fines de semana recogiendo kilos de arroz y legumbre con Manoli, una compañera de 76 años que a pesar de la artrosis en sus manos, los empaquetaba impecablemente bien y además no dejaba de darme consejos de como hacer el arroz para que no se me quedara apelmazado, y cómo aliñar las patatas viudas cuando no tenga nada que echarles, como ella dice, de “sustancia”. Nada de quejarse por menudencias, ni siquiera por cosas que me puedan parecer terribles o muy injustas. Ni el arroz ni las patatas son importantes, lo que Manoli hace si que tiene “sustancia”.

Estos días me estoy dedicando a elegir las fotos que ilustrarán mi libro, por fin casi terminado, y que recoge los post más significativos que en este blog se han publicado y cuyo título es “Las cuatro estaciones del bienestar”. Quiero que salga a principios del año 2017, que seguro será un buen año.

¿Qué más se puede pedir a esta navidad?. Yo nada más.

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SE ME OLVIDÓ QUE TE OLVIDE*

“Durante más de dos horas les escuchaba enumerar todo lo negativo que había hecho. Me recordaban insistentemente como sus actitudes en realidad estaban teñidas de falsas y aparentes buenas maneras, de descuidos imperdonables que yo me negaba a reconocer”.

“Estaba muy atenta a lo que me decían, a los argumentos y críticas que detallaban y que parecía avalaban su falta de dignidad, disimulada tras una máscara de egoísmo en estado puro. Me repetían como se aprovechaba de lo que recibía sin dar muestras de alguna generosidad.”

“Me han recordado como si de una orquesta sinfónica se tratara, detalle tras detalle aquellos momentos en que huidizo se escabullía siempre protegiéndose de males mayores.” “Me han reprochado no ser capaz de hacer un análisis más severo de algunas de sus decisiones.”

“Sin embargo, mi memoria solo recuerda lo bueno. Todo eso se me ha olvidado, ni lo recuerdo, ni de esa forma.”

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“Así que cuando sus fuerzas se iban agotando no pude hacer otra cosa que contra-argumentar.”

“Yo os entiendo, de verdad, pero selecciono y mantengo vivos los buenos momentos. Prefiero recordar anécdotas divertidas, o cuando nos reíamos juntos. Mi primer recuerdo es una frase irónica, un juego de palabras que me arrancó una sonora carcajada. Hablábamos de todo, ¡hasta de Ben-Hur!, y siempre que sale algo de esa película sonrío porque me acuerdo de esas bobadas.”

“No olvido largas conversaciones en la que me pedía opinión y me agradecía ver las cosas desde otro punto de vista, a veces más reflexivas y otras probablemente muy locas.”. “Eso es agradable de recordar”. “Y también es agradable acordarse de los momentos de gran complicidad en que estábamos de acuerdo en lo que no era importante. Existía mucha confianza cuando nos ayudábamos a sentirnos mejor por lo que nos pesaba en la mente o en el corazón. No me arrepiento de estar cuando se sentía solo, triste o enfermo, y de acompañarle y alegrarme de sus éxitos.” “¿Por qué olvidarlo?”

He desechado frases, respuestas o momentos que me hacen sentir mal, y mantengo vivo lo que aún hoy me hace esbozar una sonrisa”.”Reconocerme que es divertida esa escena que os conté repostando gasolina o con el móvil empapado. Prefiero recordar eso a otras cosas”.

tumblr_macls7pydo1rujq2ho1_500-600x517“Tenéis razón soy selectiva. Solo quiero recordar aquello que realmente es significativo para mi, para sentirme bien. Si recordara lo malo, los errores de esa o de cualquier otra historia, o me empeñara en hacer listas de lo que no se ha tenido en cuenta, de todas y cada una de las cosas que han pasado desacertadas, creo que terminaría enferma. Haría de mi vida un suplicio que desde luego no quiero.”

“Solo recuerdo que fue una buena época, que me sentó muy bien, ni me avergüenzo ni me siento culpable. Lo malo, las equivocaciones, si es que las hubo, probablemente eran necesarias. Almaceno muy buenos recuerdos, nada más”. “Prefiero practicar lo que Isabel Allende escribe en su libro “La suma de los días”: “Memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente, y optimismo desafiante para encarar el futuro”.

La memoria es una función cognitiva muy compleja. Poseemos muchos tipos de memorias: sensorial, episódica, semántica, a corto y largo plazo etc…. Podemos recordar datos, informaciones, pero también nuestra propia vida. Al recordar, no reproducimos todo con exactitud por más que lo deseemos, sino que reconstruimos o incluso, construimos el recuerdo.

Nuestros afectos, las interpretaciones que de algunos acontecimientos realizamos, las preguntas que nos hacemos o nos hacen, hasta el contexto en que suceden influyen en qué y cómo recordamos.

perdidadedientes_internaExisten muchos estudios que demuestran que nuestro cerebro no almacena exactamente todo aquello que nos ocurre sino que modifica con la mejor intención los recuerdos del pasado para que todo encaje y así podernos sentir bien en el presente. La función de olvidar lo que nos es dañino, es un buen ejercicio de salud mental. En definitiva lo pasado no lo podemos cambiar, solo tiene moraleja.

“Espero que recuerde la suerte que ha tenido al conocerte. Dije.”.

No intervine más en esa conversación. No había motivos para trastocar sus recuerdos. Recordé lo que había leído de la neurocientífica Jo Bridge  especialista en los procesos de la memoria… “ Ese encuentro que recordamos con todo tipo de fervor cuando conocimos a alguien, puede que fuera en realidad un descafeinado encuentro, pero que ahora lo hemos transformado para poder aceptar algunas de las cosas que estamos viviendo…”.

Dejo encima de la mesa a quien al olvido puso música… se me olvidó que te olvidé.*

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UN MAR DE LÁGRIMAS SALADAS

La conocí hace tiempo en unas sesiones de coaching cuando la promocionaron y nunca hemos perdido el contacto.

Nada más sentarse en el sofá comenzó a llorar. Me conmovió verla tan abatida, tapándose la cara con las manos, un llanto desconsolado que parecía no poder detener. La dejé que decidiera cuando debían terminar esas lágrimas que contenían mucho más que agua.

Siempre dejo que quien quiera llorar, lo haga. Lo considero un desahogo emocional, nada infantil, ni un signo de debilidad. LLorar es muy beneficioso para la salud.

Oren Hasson biólogo de la universidad de Tel Aviv, concluía en un artículo publicado en la revista Evolutionary Psychology que llorar es una función social altamente evolucionada. Es un proceso de comunicación por el que emitimos señales que nuestras defensas están bajas, alertando a quien nos ve que nos encontramos en una situación de indefensión y provocando un mayor apego emocional.

lagrimaBarry Bernfeld del Primal Institute de Los Ángeles junto a otros investigadores descubrieron que la composición química de las lágrimas variaba según el motivo por el que se derramaban. No tenían los mismos componentes lágrimas que salen cortando una cebolla que las derramadas tras perder a un hijo.

Y es que ese llanto está muy unido al dolor emocional.

El dolor emocional es un dolor que nadie ve pero que se siente como el más fisiológico que podamos sufrir.

Cuando le acerqué la caja de pañuelos y se descubrió la cara para sonarse me atreví a preguntarle.

– ¿Estás mejor?.

Gestionar el dolor emocional no es imposible. Para poder superarlo se necesita dar algunos pasos.

El primero reconocer que existe, permitir sentirlo, y querer abandonarlo.

-No puedo sacarme de la cabeza todo lo que me ha pasado, no me lo puedo creer ¿que he hecho tan mal?, me siento abandonada y con una pena terrible, no puedo comer porque nada me pasa por la garganta, nada, y sobre todo siento un vacío enorme, es un dolor insoportable… No quiero estar así, no puedo concentrarme, ni trabajar, ni hacer nada de lo que normalmente hago.

-Sentir tristeza tras una pérdida, sentirse desorientada cuando tu pareja no te acompaña en ese trance, pensar que no has sabido ver lo que parecía probable ocurriera, puede generar mucho dolor. Permítete sentir y llorar por eso, lo importante ahora es gestionar ese dolor tan intenso que te hace sufrir e ir disminuyéndolo poco a poco. Aceptar que eso ha pasado no es lo mismo que resignarse. Aceptar tiene algo implícito que es, actuar.

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El segundo paso algo más complicado es analizar y reflexionar sobre qué lo causa y para qué lo permites.

-Cómo me ha podido pasar esto a mi, cómo no me he dado cuenta de todo antes.

-Para un momento y preguntate algunas cosas. ¿Realmente qué es eso que te hace sentir tan triste?, ordénalo en importancia. ¿Cómo estás interpretando lo que está ocurriendo?, ¿es de forma catastrofista?. ¿Crees que nunca más podrás tener hijos?, eres muy joven y la naturaleza es muy sabia. ¿Piensas que eres muy necia, te culpas y reprochas lo que ha pasado?. Desgrana esas emociones y los pensamientos que las alimentan. Si las escribes y das una intensidad a cada una de ellas verás que hay muchos pensamientos equivocados, excesivamente negativos e irracionales que no tienen razón de ser, ni merecen la pena.

El tercer paso es darse cuenta de lo absurdo de esa forma de pensar. Hay cosas que no están a nuestro alcance. Ahí solo cabe un ejercicio y es aceptar que no podemos controlar muchas cosas, como la voluntad o los deseos de los demás y solo nos queda aceptarlo, querernos mucho y buscar apoyos incondicionales.

-Si no fuera tan perfeccionista, si hubiera sido más lista….

– No siempre los remedios dependen de nosotros, no podemos controlar todo, ni a todos. En los momentos más complicados solemos pensar que todo lo malo solo nos ocurre a nosotros, o no nos merecemos nada bueno. Se condescendiente contigo y trátate con cariño. Deja que te cuide tu madre, llama a tus amigos y que hagan planes divertidos para ti. Tienes cerca excursiones espléndidas, unos aperitivos y tapas excepcionales

Por último, es inevitable que durante nuestra vida vivamos decepciones, malos tragos, penas, pero también triunfos. Nadie es inmune a todo eso. Lo importante es saber transformarlo en fórmulas de aprendizaje.

-¡A ver cuando aprendo de una vez a elegir bien!

-Piensa que las cosas que nos pasan, por negativas que sean, nos ayudan a entendernos. Además pasado el tiempo comprendemos que quizás fuese bueno que ocurriera porque o nos ha protegio de algo que podía haber sido mucho peor o hemos salido reforzados. Sonarte los mocos y secarte esas lágrimas es tu primer paso.

Dejo encima de la mesa a quien hoy llora  … esta canción  … pero se pasará…

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